Hace unos meses, movida en parte porque “all the cool kids were doing it” y en parte porque necesitaba una excusa para practicar, decidí empezar un desafío que en aquel momento estaba bastante de moda y que consistía en diseñar, cada día, durante 100 días, un pequeño elemento de interfaz.

El promotor más conocido de éste desafío fue el sitio Daily UI, desde el que te animaban a suscribirte para unirte al desafío y cada día de la semana te mandaban un mail con el elemento a diseñar ese día. Como para mi lo más complicado en este tipo de proyectos de “haz algo durante 100 días” siempre ha sido el pensar cada día qué hacer, el sistema me pareció muy práctico y, después de 100 días, sin fallar ni uno sólo, conseguí completar el desafío y he creído que podría estar bien compartir brevemente mi experiencia.

Para empezar creo que hay que tener muy claro que éste proyecto carece de, en mi opinión, un requisito fundamental a la hora de diseñar, y es que no existe un briefing ni ningún tipo de pauta a la hora de proponer el diseño. Tu recibes un mail que lo único que te dice es lo que debes diseñar ese día; no te aporta un contexto, ni un problema a resolver o una necesidad a solventar, sino que simplemente te invita a diseñar algo.

Ésta es una situación que, según creo, se está haciendo cada vez más presente como consecuencia de plataformas como dribbble, que de un tiempo a esta parte se parece más a una galería de proyectos perfectamente acabados que a lo que era en su origen; un lugar dónde colgar pequeños retazos de diseños que se estuvieran llevando a cabo para compartirlos y recibir opiniones críticas sobre ellos. Como consecuencia de esto, parece que se da más importancia al resultado final que al proceso seguido hasta llegar a él, y esto se traduce en desafíos como el de Daily UI, que se conforma con proponer un elemento aislado sin aportar ninguna otra información sobre él, dejando que sea el diseñador el que se lo invente, y eliminando así parte del proceso fundamental del diseño.

Siendo consciente de esto, he hecho una pequeña lista de razones por las que creo que todo el mundo debería hacer un desafío de este tipo alguna vez.

  • Te obliga a hacer algo todos los días. Los músculos se atrofian cuando no los usas lo suficiente. Con el diseño pasa lo mismo; es un músculo que hay que ejercitar frecuentemente o languidecerá, tanto nuestras habilidades como la motivación. Este proyecto es la excusa perfecta para hacer algo todos los días, mantenerte activo y centrado aunque solo sea unas horas en aquello que estás diseñando.
  • Te impone límites que ayudan a la concreción. Al final del día tienes que haber diseñado aquello que se te ha propuesto, y tiene que estar terminado. Esto te fuerza a concretar y no perder el tiempo en múltiples versiones y variaciones de un mismo diseño, sino a encontrar una idea y quedarte con ella, desarrollándola de la mejor manera posible hasta llegar al resultado final, sea cual sea. También es una idea interesante de trabajar con límites de tiempo; por ejemplo, no dedicarle más de una hora o dos al día. Esto es una buena manera de practicar con tiempos ajustados y obligarte a optimizar al máximo el proceso de trabajo.
  • Inspira a realizar proyectos más complejos. Muchos de los diseños propuestos te llevan a exprimirte el cerebro y puedes encontrarte con que el elemento ha tomado vida propia, has creado flujos de usuario imaginarios o posibles escenarios en tu cabeza que son imposibles de plasmar en un “pantallazo” estático. En esos casos, toma nota de esos elementos que te han inspirado a construir algo más grande y no dudes en explorarlos más allá del desafío.
  • Al terminar, tendrás una buena biblioteca de elementos de interfaz. Si has cumplido con el compromiso y has conseguido llegar al final sin fallar un sólo día, habrás diseñado 100 elementos de interfaz de usuario. Esto no es sólo una buena carta de presentación y una manera fácil y entretenida de rellenar un poco tu portfolio, o simplemente mantenerte activo y creativo, sino que además te habrás construido una biblioteca de recursos particular que puede servir en el futuro como inspiración para crear algún elemento sencillo en otro proyecto, o incluso para reutilizarlos y adaptarlos a otros escenarios.

Conclusión

Diseñar elementos “en serie” sin ningún tipo de contexto o requerimiento no tiene sentido en entornos de trabajo reales, donde lo lógico es contar con un briefing y una serie de necesidades que nuestro diseño deberá cubrir. Sin embargo, como método para poner a funcionar nuestros músculos mentales durante 100 días, acostumbrarnos a trabajar rápida y eficazmente, mejorar nuestras habilidades y obligarnos a seguir una rutina de trabajo más o menos estricta, es perfectamente válido y un buen proyecto personal a realizar durante algunos meses.

Si alguien lo ha hecho o está pensando en hacerlo, me encantaría conocer vuestras opiniones. 😉